Acerca de Mí

El día que desperté y decidí volver a casa

Hola soy Fanny, una chica Petit en proceso constante de lucir su mejor versión. Soy apasionada de la vida, soñadora, creyente en un único Dios creador del Universo. Me gusta cantar,  tocar guitarra, pintar, escribir. También me gusta la fotografía y viajar.  Actualmente trabajo como enfermera en Alemania. 

Viví mi niñez y adolescencia  sin realmente disfrutarlo. Atada al miedo, la inseguridad y mi falta de amor propio. Creí saber quién era, sin embargo, no era lo que siempre pensé que era. No era una niña obediente, con excelentes notas, responsable. Solo quería ser aceptada, ser vista y así se formó la impostora, a la que finalmente agradezco porque gracias a ella pude también lograr muchas cosas. Y no la puedo culpar, no la puedo echar de mí porque se volvió también parte de mí. Ahora la veo desde la conciencia. Ahora sé que no tengo que ser obediente para ser aceptada, ahora sé que puedo fallar y no tengo que ser una niña de 10. Ahora sé que puedo decir no. 

Como Niña cristiana religiosa crecí con ideas como: Eso es malo, eso es pecado, te vas a ir al infierno si pecas. No aretes, no pantalones, no maquillajes. Crecí restringida cuando deseaba sentirme libre como las otras niñas. Me veía fea, no me gustaba lo que veía al espejo, odiaba mi 1.50. Use mi «fe» pidiéndole una noche a Dios que me hiciera crecer un poco más, cosa que no sucedió. Era la misma. No importa, Aprendí a conectarme con Dios, hice de el mi refugio, a contarle únicamente a él mis cosas, mis emociones, mis sentimientos, pero mi interior no había sido trabajado. Oraba, ayunaba, hacía aposentos, pero no había experimentado una transformación de mi ser hasta qué… conocí la Toráh.  A pesar de lo demás, nunca me había sentido tan conectada con mi ser Superior, de la forma en que comencé a hacerlo. Conocí a un Padre amoroso que no se enoja ni me mandaría al infierno, conocí que el pecado eran cosas que podía trabajar en mi interior y no pasa nada, solo es trabajo interno, mejorar, perdonarme a mí misma, trabajar en cultivar mi inclinación al bien, y mi inclinación al mal («pecados») hacerlos menos visible. Conocí que no son leyes, sino instrucciones para mi vida, para ser feliz, para mejorar como persona y para disfrutar de muchas más bendiciones en mi vida. Pero que no es una imposición. 

Scroll al inicio